¿A quién quiero engañar?
Se me acabaron los sueños de poeta y el delirio de haber sentido que alguna vez fui parte del clan.
Se me quemaron en el fuego de un asado los borradores de ensayos.
Se me cayeron por Avenida Corrientes las notitas periodísticas y las fantasías de fundar el Daily Planet (Buenos Aires no es Metrópolis, acá no llegó Superman todavía).
Se me murió la novela cuando apreté la x y Microsoft Office Word dijo: –¿Desea guardar los cambios efectuados en Documento1?– porque a Microsoft no quiero contestarle nada y presioné 6 segundos el botón de encendido/apagado de la pc. Aparte quién le dijo que mi novela se iba a llamar Documento1... Me indigna.
Se me pudrió el cerebro hablando de política y "me acaban el cerebro a mordiscos bebiendo el jugo de mi corazón".
Se me estresó el alma defendiendo el arte y se fue a unas vacaciones familiares en Miramar.
Se me cansaron las piernas, los brazos, los dedos, los ojos, las orejas, las lunas, las estrellas.
Se me cansaron las manos sobre todo y la boca cantante y parlanchina se me hizo a un lado sin tener parálisis facial.
Ahora, yo me pregunto si pasaron 20 años o si se me vinieron encima.
Cierto que ya no me pregunto si alguien lee lo que escribo porque sé que siempre alguien lo hace y a esa persona le deseo el regocijo de saber que hay alguien más decadente que ella y que ese alguien soy yo. Feliz fin de año y próspero año nuevo.









